El tiempo, ese ser invisible y poderoso, había hecho de ella una anciana decrepita y senil. Ya no recordaba cuanto tiempo había transcurrido, minutos, horas, ¿días tal vez?. Daba igual, no podía apartar los ojos de la fotografía que descansaba en la repisa de la chimenea, aquellas personas la contemplaban produciéndole una gran paz. Una pareja todavía joven, la mujer con un niño en los brazos y el hombre con una niña agarrada a su mano. Todavía tenía momentos de gran lucidez, pero hoy no era uno de esos días, ninguno de los retratados traía a su memoria motivos de alegría o tristeza, sencillamente no recordaba quienes eran ni que significaba la esfera plateada que la pequeña sostenía en su mano, tenía una dulce expresión y sus ojos parecían sonreír.
Un resquicio de luz luchaba por abrirse paso en las tinieblas de su mente, es quizás demasiado débil la frontera entre lo real y lo soñado. La niña de la fotografía estaba a su lado y era un sueño muy real. Con sumo cuidado colocó en sus ajadas y marchitas manos la esfera plateada. En el mismo instante, su cuerpo se convulsionó, una descarga eléctrica atravesó su cuerpo desde la cabeza a los pies.
A Rosa las matemáticas se le atragantaban, esperaría a que su padre llegase a casa para pedirle que le ayudara con los deberes. Su padre, comprensivo, accedería a explicarle lo que ella no alcanzaba a entender. Sonó el teléfono, era papá. Su trabajo le obligaba a retrasarse, eso significaba que no podría entregar sus deberes y la profesora, tal vez, la castigaría. Ya en la cama, no conseguía conciliar el sueño, le disgustaba profundamente haber mentido a su madre cuando dijo tener sus deberes terminados. No veía como solucionar lo que comenzaba a resultarle angustioso.
Hacía calor en su habitación y se levantó para abrir la ventana, la calle estaba desierta y silenciosa. Dio media vuelta y se dirigió a su cama, no había dado dos pasos cuando un sonido le hizo girar la cabeza, un pájaro plateado se había posado en su ventana y con una rapidez endiablada se introdujo en la habitación posándose sobre los cuadernos de Rosa. Los párpados comenzaron a pesarle y dirigiéndose a su cama se dejó envolver por el sueño.
A la mañana siguiente, su madre tuvo que llamarla repetidas veces, se puso la bata y las zapatillas y cuando se encaminaba al baño recordó aquello que tanto la había preocupado la noche anterior, los deberes sin hacer. Se dirigió al escritorio y observó, no sin sorpresa, que todas las operaciones matemáticas estaban hechas y sobre la mesa descansaba una esfera plateada.
Cogiéndola con cuidado se dirigió a la cocina donde se encontraban sus padres. Su padre la besó efusivamente y le enseñó la cámara fotográfica que había comprado en su último viaje y le propuso hacer una fotografía familiar. La cámara era automática y una vez preparado el dispositivo se colocó al lado de Rosa que preguntó con ingenuidad infantil: -Papa, ¿Quién es esa anciana?
domingo, 25 de enero de 2009
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Está bonito, pero hay algo que me hace clac, creo que aún lo puedes pulir un poco más (no es crítica, es por ayudar, a mí un relato me lleva mil pasadas!).
ResponderEliminarMe parece forzado el hecho de que un pájaro entre en la habitación de un niño y este se quede dormido sin más, creo que si es algo inducido deberías dejarlo caer sutílmente.
Y al final, no termino de ver dónde ve la niña a la anciana, me parecería seguir el hilo si la viese en una foto. ¿Es así?
Si este comentario no te va, no te cortes y bórralo.
Pero me gusta mucho el lado fantástico, es de mi cuerda.
Y para que no te quedes sin un motivo para devolverme la visita...
bidari blog, aquí encontrarás también a un relato que escribí y que amablemente me alojan en el blog de perdida...
A ver si este link sí funciona...
ResponderEliminarbidari blog.
Espero que este sea el primero de otros relatos, y recuerda, tambien una foto, en su esencia, es un relato corto.
Un saludo.